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La solución política y negociada

 

Chávez dio en el clavo. Las Farc deben parar la guerra unilateralmente. Y deben hacerlo porque es la única forma de lograr lo que siempre han dicho que buscan: una salida negociada al conflicto. 

Algunos pensarán que es absurdo que tras más de 40 años de lucha las Farc abandonen las armas. Que con esto aceptan que han sido derrotadas y que en Colombia, a pesar de sus defectos y limitaciones, existe una democracia y por eso no hay razones válidas para la guerra. Pero uno no puede mantener una posición porque lo haya hecho durante años. Y la lucha armada ha sido un error monstruoso. Un error que tuvo causas, que no fue un simple capricho, pero sí un error. 

Las Farc surgieron en un país que acababa de salir de una larga dictadura, en el que el ejercicio de la democracia era limitado y las posibilidades de proteger los derechos populares, precarias. Campesinos como los de Marquetalia, algunos de los cuales habían hecho parte de las guerrillas liberales, fueron tratados como enemigos por el Gobierno, que cedió a la presión retórica de algunos políticos extremistas. Es difícil pensar con qué recursos legales hubieran podido protegerse del ataque oficial, y no es extraño que escogieran, para recuperar sus gallinas, la lucha armada. 

A ellos se sumaron, durante años, centenares de estudiantes universitarios, a los que el sistema quitó sus derechos políticos: si no eran liberales o conservadores, no podían ser elegidos ni tenían derecho a ocupar cargos públicos, excepto donde no preguntaran por el partido del aspirante. Eran una minoría, que no habría alcanzado el umbral del 1 por ciento en ninguna elección, pero creían que si la democracia no les daba derechos, no les podía pedir nada. Ellos promovieron la idea de que no había democracia y que, por lo tanto, era lícito usar la violencia para cambiarla. 

El razonamiento era equivocado. Había agravios reales, pero la respuesta fue desmesurada y autodestructiva. La guerra fortaleció los sectores más reaccionarios del país, frenó el avance a una democracia amplia, redujo el espacio para la política popular y, sobre todo, universalizó la violencia, que se volvió contra los aliados políticos de la guerrilla. 

Las Farc se han negado a salir de su error. No es verosímil que crean todavía que el triunfo es posible. Chávez, mejor político, sabe que no. ¿Para qué luchar, entonces? En su lenguaje ambiguo, las Farc lanzaron una frase que se ha impuesto: hay que buscar una salida política y negociada al conflicto. Según esto, hacen la guerra con el único fin de pararla, de volver a la política, de lograr la paz, como si la guerra la hubieran declarado los demás, y pretenden que el Estado es el que debe buscar la salida negociada. 

Pero si las Farc son las que hacen la guerra, ellas deben poner en marcha la solución política, que no es otra que el cese unilateral de la lucha. No es viable que paren las armas de un día para otro, pero sí que acepten que la guerra fue un error, aunque tuviera sus causas, subjetivas y objetivas, como dicen los sociólogos, y que han decidido volver a la democracia. Lo primero, como dice Chávez, es liberar a los secuestrados. Y decir que renuncian a la guerra y, por lo tanto, están dispuestas a comenzar ya una negociación de paz. Como el error de fondo fue suyo y no pueden hablar en nombre de la población colombiana, deben aceptar que las negociaciones son para buscar la paz y no para cambiar el país: lo único que pueden pedir son garantías y facilidades para convertirse en fuerza política legal, reglas democráticas efectivas que protejan a las minorías políticas y les permitan plantear sus ideas al país.

La solución política y negociada no se le puede pedir al Gobierno: los únicos que pueden ofrecerla, ahorrándole al país años de violencia y dando un giro democrático a nuestra política, son los guerrilleros. Son los que declararon la guerra. 

Jorge Orlando Melo
12 de junio de 2008

 
 
 

 

 

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Ultima actualización octubre 2016
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