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El texto en la escuela colombiana: unas notas breves y una modesta propuesta
 
 

La experiencia de la escuela colombiana con el libro ha sido limitada: si uno tuviera que decirlo brutalmente, debería afirmar que hasta hace muy poco, la escuela colombiana se baso en la palabra oral y dejo de lado la palabra escrita. Esto es coherente con la estructura de la cultura colombiana, que, después de siglos de predominio de lo oral y lo visual, apenas en el último medio siglo ha entrado masivamente en el mundo del texto. Hacia 1900 probablemente menos del 10% de los colombianos sabían leer y escribir y su cultura había sido formada en la conversación, la audición de la palabra de padres, sacerdotes y autoridades, el dialogo con los familiares y amigos, la visión de las imágenes religiosas y políticas, y la experiencia directa del mundo y la naturaleza. En 1969 se calculaba que solamente el 7% de los escolares tenia acceso a los libros y hoy probablemente menos del 50% de los 10 millones de niños y jóvenes tiene textos propios: la producción de textos del país es más o menos de 10 millones de ejemplares, que se concentran en los menos de tres millones de estudiantes del sector privado. Las escuelas con bibliotecas son una ínfima minoría: en Bogotá, donde la situación es mucho mejor que en el resto del país, las bibliotecas de las escuelas públicas tienen más o menos 2.5 ejemplares por alumno.  

Pero escuela y libro siempre han ido de la mano. Durante la colonia los pocos niños que iban a la escuela debían aprender a leer y escribir en latín, para poder entrar a las escuelas que formaban sacerdotes y abogados y leer los textos escritos en ese idioma. Después de la independencia surgió el ideal del alfabetismo universal, proclamado con entusiasmo por los dirigentes liberales

del periodo federal: como lo dijo el presidente Eustorgio Salgar en 1870, a la ciudadanía y a la urna, base del nuevo poder político, solo se podría llegar de la mano del maestro y de la cartilla de lectura. Aparecen algunos textos básicos en español: geografía, aritmética, historia, y sobre todo el único texto que se considera indispensable, al menos desde 1870: la cartilla de lectura y escritura, que desde esa época comienza a hacerse frecuente: el gobierno hizo en 1872 un contrato para editar 100.000 ejemplares de la de Lleras y Hotschick en Paris, pero probablemente solo se imprimió una parte.[1] A fines del siglo XIX los visitadores escolares encontraban en las escuelas mejores pizarras, un buen numero de cartillas de lectura (de Hotschick y Santamaría, sobre todo) uno que otro texto sobre otros temas. Pronto los pedagogos vieron que había  que acompañar la cartilla con otras lecturas más atractivas y aparecieron las antologías de textos literarios.[2] 

Sin embargo, probablemente hasta bien entrado el siglo XX las imágenes que describen los literatos del siglo XIX –Tomas Cuenca para mediados de siglo, Medardo Rivas para 1869, Tomas Carrasquilla en Dimitas Arias, etc.- siguen siendo exactas: niños sin libros que recitan en coro letras y silabas, apoyados por un cuadro de citolegia colgado en la pared, y que escriben en cajitas de arena y pasan después a la pizarra y, si los recursos lo permiten y avanzan lo suficiente, a la pluma.[3] 

En el siglo XX el texto de lectura se hace general: es la época de Baquero, Charry o la Alegría de Leer de Evangelista Quintana, que hacia 1930 reemplazó el silabeo por el método de palabras completas. Pero el resto de la enseñanza se hizo y en buena parte se sigue haciendo en cuadernos, en los que los niños anotan la clase que dicta el profesor: es un sistema de enseñanza que usa el texto solo en las escuelas elementales de estratos medios y altos (que tienden a ser privadas) y en la escuela secundaria, que hasta hace poco era también privilegio de los grupos con mayores recursos. Pero fuera de los colegios privados y de algunos pocos colegios públicos, cuando se usa el texto este es casi el libro único, que concentra todo el saber que los estudiantes deben aprender. Libros complementarios, bibliotecas, eran un milagro, y las revistas que intentaban llevar a los niños cuentos y conocimientos divertidos, como Chanchito o Rinrin, duraron poco.  

No es exageración afirmar que, aunque algo creció el uso del libro, entre 1960 y 2000 el sistema escolar colombiano siguió dándole papel secundario. El gobierno no logró definir una política coherente en relación con los textos escolares para el sector público, lo que ha llevado a una reducción fuerte del uso del texto en las escuelas oficiales. Mientras tanto los editores se han concentrado en los consumidores privados, y han buscado compensar la caída de ventas a la escuela publica con sistemas de diseño y mercadeo que en mi opinión no tienen justificación pedagógica sino comercial: los textos se vuelven desechables, intercalando en el libro los espacios para las respuestas de los estudiantes, que antes se hacían en cuadernos. Además, se compite con atractivos cosméticos, con la profusión de ilustraciones y colores, que hacen el libro más costoso y no tienen mayores ventajas educativas, y con ayudas, recuadros, esquemas y trucos que parecen partir del desprecio a la inteligencia de los pequeños lectores. De este modo, el precio sube y el consumo baja, en un círculo vicioso que es difícil romper.  

Por supuesto, es posible defender la supresión del texto escolar. Una educación basada en pedagogías realmente activas, en las que los estudiantes recurran a amplias bibliotecas y a buenos recursos informáticos, apoyados por docentes familiarizados con las fuentes de conocimiento, sería sin duda mejor que la rutina basada en el texto único de cada materia. Pero este es un ejemplo de cómo un sueño ideal ha justificado a veces el abandono de  practicas pedagógicas modestas pero eficientes: mientras no haya bibliotecas decentes en los colegios, con 10 o 15 títulos por estudiantes, el texto es la única alternativa razonable, y su abandono prematuro explica la gran cantidad de bachilleres incapaces de comprender lo que leen que están saliendo hoy de los colegios.  

En el caso colombiano, la tendencia más bien fue a abandonar el texto, pero a nombre de otros mejoramientos hipotéticos que nunca se realizaron. La educación activa, que volvería a todos los niños investigadores, y que tuvo ensayos sólidos entre 1920 y 1940, revivió en los anos sesenta y setenta con formas improvisadas y desordenadas. Y sobre todo, el libro empezó a verse como una tecnología obsoleta, frente a las nuevas tecnologías electrónicas, que sedujeron a los administradores públicos y a muchos profesores y educadores. En los sesenta, la televisión fue la gran utopía: la enseñanza audiovisual elevaría la calidad de nuestra deficiente educación, ahorraría docentes y permitiría una enseñanza más eficiente. Por supuesto, hay materias en las que el uso de la televisión habría sido muy útil, pero lo que dominaba no era la idea de un uso razonable y complementario de los medios audiovisuales, sino el sueño de superar el texto, desacreditado por una retórica que predicaba las ventajas de una nueva civilización de la imagen, promovida a escala mundial en los libros (no en videos!) de Macluhan. Desde más o menos 1980 el sueño ha sido el computador. También en este caso la idea de que el computador era la panacea que reemplazaría el libro obstaculizó su uso eficaz y racional. Ahora muchos políticos, dirigentes políticos y educadores se apoyan en las nuevas tecnologías para argumentar que no es necesario tener bibliotecas, que el libro de papel ya es obsoleto, que es más barato tener computadores conectados a Internet que bibliotecas, y que en todo caso debemos aceptar que la nueva cultura es una cultura de la imagen.  

Esto es lamentable: creo que hay que insistir en que el libro es la herramienta por excelencia del sistema educativo y que los niños deben tener un contacto estrecho con el, desde los años del jardín escolar, y reforzarlo a lo largo de todo el proceso educativo.  Por una parte, para generar el hábito de la lectura, por lo que, más que la lectura pragmática, hay que promover la lectura placentera, sin demasiadas presiones, sin exámenes sobre aspectos formales del texto, sin prematuras inquietudes sobre el argumento, los personajes, los ínter textos y toda la retórica de moda. El incremento del vocabulario, la consolidación de la habilidad de escritura y de la capacidad de exposición, son  resultados indirectos de este proceso, que no se logran cuando se buscan por si mismos, en clases de gramática o español, sino cuando en todas las clases hay que leer y hay que presentar textos escritos, que son discutidos y comentados por el profesor. Diez años de esta experiencia deben permitir que al llegar a la universidad los estudiantes sepan escribir, cosa que hoy es más bien excepcional, puedan comparar textos, los comprendan en forma adecuada, entiendan lo que se les dice cuando se les invita a explicar algo con sus propias palabras. Que sean capaces de encontrar tema para un trabajo, de localizar la información y la bibliografía pertinentes, de valorar la importancia relativa de los textos disponibles, de elaborar un argumento, de discutir razonable y fundamentalmente el argumento ajeno, de evaluar la calidad de la argumentación, de planear un texto amplio, de tener una actitud critica frente a todo el saber. Y el texto y el libro seguirán siendo indispensables, sobre todo, porque la educación es formación en el pensamiento conceptual, y este solo se desarrolla a partir de la palabra y no de la imagen. 

Y para eso pueden los estudiantes tener un texto básico en cada materia, pero ante todo deben tener acceso a un mundo abierto de información, que les haga experimentar que el conocimiento no es algo que se aprende sino que se construye continuamente. La educación centrada en un saber definido, en aprender lo que enseña el profesor o lo que dice el libro escolar, no desarrolla en forma adecuada la capacidad de actualización individual que requiere una sociedad como la nuestra, inmersa en un proceso de cambio acelerado, tecnológico y cultural. Quien aprende en la escuela a buscar el conocimiento por si mismo, con independencia creciente de la tutoría de sus profesores y del texto básico, descubre en el mundo infinito de los libros, reflejo de la experiencia infinita de la naturaleza y el mundo, la oportunidad para una formación continua. Y en la medida en que sectores amplios de la población tengan esta capacidad, el país renueva constantemente su capacidad, incluyendo su capacidad laborar y su capacidad para competir económicamente en el marco internacional. La educación informativa, enciclopédica y estrechamente pragmática que hoy domina enseña muchas cosas, pero no enseña a pensar, a analizar, a investigar, a actualizarse.  

Desde mediados de los anos noventa, sin embargo, se han hecho algunos ensayos para volver a darle importancia al libro en el sistema educativo colombiano. Estos cambios se han concentrado en el mejoramiento del sistema de bibliotecas del país, y en parte se han dado por fuera del sistema educativo. Por un lado, el sistema de bibliotecas públicas ha mejorado muchísimo. Esto puede advertirse en la consolidación del sistema de bibliotecas publicas del Banco de la Republica, que pasó de atender 2 millones de usuarios en 1995 a recibir 6 millones en 2005; en el crecimiento del sistema de bibliotecas de las Cajas de Compensación Familiar, que atienden unos 8 millones de visitantes al año, y sobre todo, por su valor ejemplar, en la formación del sistema de BIBLORED en Bogota, donde las bibliotecas pasaron de un millón de lectores en 1998 a 5 millones en 2005. Probablemente mas del 60% de estos 20 millones de visitantes –y no estoy incluyendo otros ejemplos de avance en este campo, como las diversas bibliotecas departamentales que se crearon estos años, ni el evidente mejoramiento en la calidad de las bibliotecas universitarias privadas- son estudiantes de educación básica y secundaria, y un 20% son estudiantes universitarios. Este sistema de bibliotecas públicas ha vuelto a poner el libro a disposición de amplios sectores de estudiantes del país y ha constituido el núcleo de una verdadera revolución, silenciosa e inadvertida por muchos de los responsables del sistema educativo, en la calidad de la educación en el país. 

En forma complementaria, se hicieron algunos esfuerzos por mejorar las bibliotecas escolares, pero fuera de Bogota nada parece haber tenido impacto real. En Bogota, se diseño un sistema de compras que se orientaba a crear por primera vez unas bibliotecas reales en todas las escuelas, escogidas por los docentes, y formadas en buena proporción por libros diferentes a los textos escolares: me parece que es el único sistema de educación pública que esta cerca de tener un sistema real de bibliotecas escolares. 

En mi opinión, ahí estamos. Y esto quiere decir que estamos muy lejos de usar el libro como es necesario. Y lo que es necesario es que todo niño del sistema escolar pueda tener uno o dos textos propios, y acceso a una biblioteca escolar con materiales complementarios, así como a una biblioteca publica razonable. Los materiales complementarios deben incluir, ante todo, libros que puedan leerse por gusto, voluntariamente, (y esto quiere decir ante todo literatura, cuentos, tiras cómicas, poesía, artes, juegos)  pero también libros que complementen la actividad escolar: libros sobre la naturaleza y la sociedad, sobre ciencias, deportes y actividades manuales. 

Por eso, quiero concluir en forma pragmática, haciendo una modesta, modestísima propuesta. Lo que Colombia necesita y puede hacer es que haya libros al alcance de los niños y esto se puede hacer sin un gran esfuerzo. Para ello basta: 

1.   Definir un sistema para dotar de textos a la escuela publica. No es fácil encontrar  una formulas apropiadas para que cada año unos 10 o 15 millones de textos lleguen a estos estudiantes, pero creo que el gobierno debería contratar la edición de (diversos) textos baratos, al menos para las ciencias exactas y naturales, los idiomas y la literatura. Deben ser textos que puedan ser usados varios años, sin mucha decoración, y que sean entregados en forma gratuita en las escuelas.

2.   Dotar las 20 o 30.000 escuelas del país de bibliotecas apropiadas. Quizás la única forma de comenzar en serio es también contratar la edición de 300 a 500 títulos básicos, con una buena proporción de literatura infantil y juvenil, en tirajes de 20 o 30.000 ejemplares.

3.   Mantener vivas las bibliotecas públicas municipales recientemente dotadas, con unas actualizaciones mínimas de unos 200 títulos anuales para más o menos unas 1000 bibliotecas.   

Esto representa adquirir unos 20 millones de ejemplares iniciales, y después mantener las bibliotecas con adquisiciones de unos 10 millones de volúmenes anuales (que incluirían música y videos, por supuesto). Esto ayudaría a transformar todas las escuelas del país y no costaría mucho: menos que arreglar el 2% de la red vial de Bogota, o que hacer 500 metros de un metro, o pavimentar unos 150 kilómetros de carretera. Pero puede parecer mucho, incluso un derroche utópico, en un país en el que se cree que vale la pena pensar en grande y gastar en grande en obras de concreto o cemento, pero no en el cerebro de la gente.  

Jorge Orlando Melo.
Texto presentado en el Seminario sobre textos escolares realizado en la Feria del Libro de Bogot
á, año 2006

Anexo:  

Lista provisional de textos escolares publicados en Colombia de 1826 a 1907

Los libros se encuentran en la Biblioteca Luis Ángel Arango, a menos que se indique algo diferente.  

1. Manual del sistema de enseñanza mutua, aplicado a las escuelas primarias de los niños: Bogotá: S. S. Fox, 1826.120 p.: il.; 17 cm.

2. Fernández de Sotomayor y Picón, Juan, 1777-1849. Elementos de la gramática latina; redactados para la juventud que se educa en el Colejio Mayor de Nuestra Señora del Rosario de Bogotá, por el actual rector.  Bogotá: J.A. Cualla, 1830.: xi, 259 p.: il.; 15 cm

3. Astete, Gaspar, 1537-1601. Catecismo de la doctrina cristiana,  Bogotá: J. Ayarza, 1836.: 72 p.; 14 cm.

4.  Jose Rafael Mosquera publicó la Citolegia en la década de 1930. De este texto no he localizado ningún ejemplar.

5.  Primeros conocimientos para los niños que empiezan a leer. Bogotá: Reimpreso por Nicolás Gómez, 1839. Descripción física: 68 p.; 15 cm.

6.  Elementos de aritmética integral, decimal i comercial: escritos según el método matemático, para el uso de la juventud granadina con noticia i tablas de todas las medidas conocidas en Francia, Inglaterra i España. Bogotá: J. A. Cualla, 1839. 115 p.; 21 cm.

7. Elementos de aritmética integral, decimal y comercial: escritos según el método matemático, para el uso de la juventud granadina con noticia y tablas de todas las medidas conocidas en Francia, Inglaterra, y España. Bogotá: José A. Cualla, 1934. (Sic) Descripción física: 142 p.; 17 cm.

8. Catecismo de geografía de la Republica de la Nueva Granada: van añadidas algunas nociones jenerales de geografia, para la mejor intelijencia é instruccion de los que se dediquen á este importante estudio: Bogotá: Imprenta de J. A. Cualla, 1842. 32 p.; 15 cm.

9. Programas para el estudio de las ciencias eclesiásticas en el Seminario Conciliar de la Arquidiócesis de Bogotá, formados por el Illmo. Señor Arzobispo. Bogotá: Imprenta de José A. Cualla, 1843. 76 p.; 15 cm.

10. Fleury, Claude, 1640-1723. Catecísmo histórico del Señor Abad Claudio Fleuri / traducido al castellano y nuevamente correjido, Con las licencias necesarias. Bogotá: Imp. J. A. Cualla, 1844.: 109 p.; 15 cm.

11. Programa para la enseñanza de la Historia del Derecho Romano en las universidades de la República: Bogotá: Imprenta de Cualla, 1844.: 118 p.; 13 cm.

12. Astete, Gaspar, 1537-1601: Catecismo de la doctrina cristiana / del padre Gaspar Astete; explicado por Santiago José García Mazo. Editorial: Bogotá: Imprenta de José A. Cualla, 1845.: viii, 410 p.; 16 cm. (Por el tamaño no parece escolar)

12. Astete, Gaspar, 1537-1601. Catecismo de la doctrina cristiana / Gaspar Astete; explicado por Santiago José García Mazo. Bogotá: Imprenta de Nicolas Gómez, 1848.: vii, 358 p.; 18 cm.

13 . Triana, José María, 1792-1855. Manual de enseñanza mutua para las escuelas de primeras letras /redactado por José María Triana. Bogotá: J. A. Cualla, 1845. 66 p.; 21 cm.

14. Sicilia, Mariano José,  Estracto de la obra de don Mariano José Sicilia titulada Lecciones elementales de ortolojía i prosodia. Bogotá: Imprenta de J. A. Cualla, 1845.: 68 p.; 16 cm.

15. Tabla sinóptica del consumo: 3a. parte de la ciencia de la economía política, para más pronta instrucción de la juventud granadina en esta parte tan bella de la jurisprudencia. Bogotá: Imprenta J. A. Cualla, [18..?].: 18 p.; 15 cm.

16. Menéndez, José. Educación de la infancia dividida en tres partes: la moral, la virtud y la buena crianza con el manual instructivo y curioso para los niños Bogotá: Nicolás Gómez, 1846. 140 p.; 15 cm.

17. González, Ulpiano, 1815-1849.Observaciones curiosas sobre lengua castellana: o sea, Manual práctico de la gramática de dicha lengua. Bogotá: imprenta de José A. Cualla, 1848.: vi, 212 p.; 14 cm.

18.  Triana Algarra, José María, 1792-1847, Lecciones de gramática castellana arregladas al método de enseñanza mutua, aprobadas por la Dirección General de instrucción Pública y mandada enseñar en las escuelas de la Nueva Granada, 2a. ed. Bogotá: Tip. de Mariano Sánchez Caicedo, 1849: 64 p.: il.; 21 cm. 

19. Plaza, José Antonio de, 1809-1854, Compendio de la historia de la Nueva Granada, desde antes de su descubrimiento, hasta el 17 de noviembre de 1831 Bogotá : Imprenta del Neogranadino, 1850. 136 p. ; 18 cm.

20. Triana Algarra, José María, Manual para los preceptores de ensenanza primaria, é instrucción moral i religiosa por José María Triana. Bogotá: Imprenta del Neo-Granadino, 1851. Descripción física: 247 p.: ls.; 21 cm.

21. Ancízar, Manuel, 1812-1882.: Lecciones de psicolojía  redactadas por M. Ancízar,  Bogotá: Imprenta del Neo-granadino, 1851.: iv, 319 p.; 21 cm.

22. Cuervo, Antonio Basilio, 1834-1893. Resumen de la jeografía histórica, política estadística i descriptiva de la Nueva Granada para el uso de las escuelas primarias superiores, Bogotá: Imp. de Torres Amaya, 1852. Descripción física: 83 p.; 15 cm.

23. Pérez, Santiago, 1830-1900. Compendio de gramática castellana; obra especialmente destinada a la enseñanza en las escuelas primarias i casas de educación de la República, i en la cual se ha procurado esponer metódicamente, i con la concisión compatible con la claridad, las doctrinas más bien recibidas se Salvá, Sicília, Bello i Martínez López; por un granadino Bogotá: Imp. del Neo-Granadino, 1853.: 188 p.; 15 cm.

24.Teoría de música puesta al alcance de los educandos, Bogotá: Imp. de F. Tórres Amaya, 1854. 24 p.: il., música; 15 cm.

25. Peña, Domingo, Problemas de jeometría, arreglados i dispuestos para el uso de los artesanos, de los estudiantes i de las señoritas. Domingo Pena.: Bogotá: Imp. de F. Torres Amaya, 1855.: 32 p.: diagrs.; 24 cm.

26. Belver, José, 1808-1887, Esposición del sistema métrico decimal, i medios de facilitar su enseñanza en las escuelas: destinada especialmente para los alumnos de la Academia de la Paz. Bogotá: Imp. F. Torres Amaya, 1856. 28 p.; 20 cm.

27. Barrera Ortiz, Francisco, 1828-1861. Tratado de retórica, oratoria i poética / arreglado según los mejores autores por Francisco O. Barrera. Bogotá: Imp. del Neo-Granadino, 1856. 188 p.; 21 cm.

28. Gutiérrez, Rafael, 1823-1882. Sinónimos de la lengua castellana, según las diferencias de ellos. Bogotá: El Neo-granadino, 1857.: 29 p.; 27 cm.

29. Carvajal, Manuel D., 1819-1872, Elementos de geometría: aplicados al dibujo / Manuel D. Carvajal, Bogotá: Imprenta de F. Tórres Amaya, 1859. 56 p., 11 h. de lams. [pleg.]; 22 cm.

30. Compendio de jeografía universal. Bogotá: Imp. de F. Tórres Amaya, 1857.: 117 p.; 15 cm.

31. Medina, Francisco Antonio, Principios jenerales para construir las oraciones del idioma latino / obra escrita por el padre frai Francisco Antonio Medina, reformada i adicionada por Frai J. A. Hilario María Pinilla, Bogotá: F. Torres Amaya, 1859. 58 p.; 18 cm.

32. Real, Antonio del, Principios de contabilidad mercantli, . Editorial: Bogotá: F. Torres Amaya, 1859. 29 p.: il., diagrs., pleg.; 23 cm.

33. Ortiz Rojas, José Joaquín, 1814-1892. El libro del estudiante: colección de tratados elementales, obra destinada a la instrucción primaria de la juventud que se educa en las escuelas i colejios de la Nueva Granada,  José Joaquín Ortiz, Bogotá: Imprenta de Ortíz, 1860.: 592 p.; 17 cm.

34. Carrasquilla, Ricardo, 1827-1886. Problemas de aritmética / por Ricardo Carrasquilla: seguidos por las correspondientes resoluciones i de Cuestiones de Jeografía para los niños / por Ricardo Carrasquilla i Ruperto S. Gómez., Bogotá: Imprenta de Gaitán, 1867.: viii, 95 p.: il.; 12 cm.

35. Principios jenerales de la música. Editorial: [Bogotá]: [Imprenta Torres Amaya], [1870].  25 p.: música; 20 cm.4.

36. Gaitán, José Benito, 1827-1916. El institutor; colección de textos escojidos para la enseñanza en los colejios i en las escuelas de los Estados Unidos de Colombia Bogotá: Imprenta de Gaitán, 1870.

37. Núñez, José Gabriel. La música al alcance de todas las intelijencias Bogotá: Imp. de F. Tórres Amaya, 1870.  iv, 25 p.: il., música [pleg.]; 15 cm.

38. Pareja, Manuel del Cristo, 1879-: Tratado elemental sobre las fracciones comunes / arreglado por Manuel del Cristo Pareja, Bogotá: Imprenta de Gaitán, 1870. 50 p.; 22 cm.

39. Hotschick,E, [Libro de Lectura] De la edición de 1872 no se han conservado copias. Existen ejemplares de la tercera edición de 1890, revisada. Hotschick, E., Primer libro de lectura arreglado / por E. Hotschick y Martín Lleras  3 ed. corregida y aumentada: Paris: Roger y Chernoviz, ed., 1890  179, 1p.: il., diagrs.; 18 cm.  Sólo en Biblioteca Nacional

40. Fabre, Jean Henri Casimir, 1823-1915. Fisica; lecturas para las escuelas,  por J. Henri Fabre; traducido por Tomás Cuenca: Bogotá: Imprenta de Gaitán, 1871.: 200 p.: il.; 19 cm.

41. Bello, Andrés, 1781-1865. Nuevo compendio de la gramática castellana / de don Andrés Bello; cotejado con la estensa de este académico por César C. Guzmán. 2a. ed. Editorial: Bogotá: Imprenta de Gaitán, 1872.: 144 p.; 16 cm. (Hay varias ediciones)

42. Borda, José Joaquín, 1835-1878,  Historia de Colombia contada a los niños.  Bogotá: Imprenta de El Mosaico, 1872.: 160 p.; 15 cm. 

43.  Mercado, Ramón,  Método típico de enseñanza primaria, Imprenta de C. Schünemann, Brema, 1873

44.  Rudimentos de historia universal para las escuelas de Colombia: Edición oficial.: Bogotá: Imprenta de Gaitán, 1873.: 534 p.; 14 cm. Obra arreglada por la Dirección Jeneral de Instrucción Pública Primaria.

45. Moreno, Antonio María: Geografía especial del Estado de Santander: obra destinada a las escuelas primarias del Estado  por Antonio María Moreno: Socorro: Imprenta del Estado, 1873. 40 p.; 20 cm.

46. Quijano Otero, José María, 1836-1883. Compendio de la historia patria para el uso de las escuelas primarias,  por J. M. Quijano Otero, Bogotá: Medardo Rivas, 1874.: vii, 264 p.; 16 cm.

47. Ortiz, José Joaquín, Lecturas selectas en prosa y verso para los alumnos de las escuelas de Colombia, Bogotá, 1880, pág. 30.

48. Guzmán, César C., 1840-1908. Historia general de América desde el descubrimiento hasta nuestros días,  por César C. Guzmán; obra adoptada por el gobierno para la enseñanza en las escuelas de la República. Paris: A. Lahure, 1880.: 333 p.; 17 cm.

49. Franco Vargas, Constancio, 1842-1917, Compendio de la historia de la revolución de Colombia, Editorial: Bogotá : M. Rivas, 1881. 1 v. ; 19 cm. v. 1 Curso primero; La Independencia, 1810 a 1819. LAA. No se ha encontrado copia del vol 2, si se publicó.

50 .Rojas S., Antonio. Tratado de contabilidad comercial. Bogotá: Imprenta de Torres Amaya, 1882.: 64 p.; 23 cm.

51. López Mora, José Anjel. Prontuario para la enseñanza de historia patria: en las escuelas i colejios de ambos sexos de la república,  Cartajena: Tip. de A. Araujo, 1883.: 101 p.; 24 cm.

52. Quijano Otero, José María, 1836-1883., Compendio de la historia patria / J. M. Quijano Otero. 2a. ed. Bogotá : Medardo Rivas, 1883: viii, 477 p.

53 Baquero, César,  La primera edición apareció en 1884, pero no figura ni en LAA ni en BN. La  edición más antigua localizada es del segundo curso, Baquero, Cesar B.  Libro para enseñar a leer y a escribir / por B. Baquero, segundo curso.  Bogotá: Imp. Rivas, 1887.  BN

54 . La citolegía: nuevo método de lectura práctica sin deletrear. Editorial: Paris: Libr. Española, 1887. 64 p. En LAA [Reeditado como Citolegia: método de lectura práctica sin deletrear... Con el sumario del Catecismo del P. Astete...  Medellín: Edit. Bedout, 1950  64 p.: ilus., tabs.; 21 cm.  BN. Esta reedición no está en LAA.]

55 Avella, M. Temístocles, 1841-  Citolegia reformada.  Bogotá: Imp. de Torres Amaya, 1889.  28 p.  (BN)

56 Avella M, Temístocles,  Cuadros de lectura extractados de la citolegia reformada.  Bogotá: Imp. de Torres Amya, 1889.  28 p. (BN).

57 Astete, Gaspar, 1537-1601. Catecismo de la doctrina cristiana Editorial: Bogotá: Editorial Santafé, [1890?]. Descripción física: 64 p.: retr.; 14 cm.

58. Bernal, Rodolfo D. Libro de lecturas escogidas en prosa y verso para niños y niñas, Bogotá: Tipografia de Lleras y Compania, 1891. Descripción física: 330 p.; 20 cm.

59.  Quijano Otero, José María, 1836-1883, Compendio de la historia patria  José María Quijano Otero. 3a.ed.: Bogotá : [Imp. de La Nación ]; 1891. vii, 417 p.; 21 cm.

60. Restrepo, Juan Pablo,  Compendio de historia patria, Bogotá: Ed. de J.J. Pérez, 1891:  189 p.; 17 cm. 

61 Borda, José Joaquín, 1835-1878, Compendio de historia de Colombia. 6a. ed. revisada.: Bogotá : Lib.Colombiana, 1892.: 224 p. ; 16 cm.

62. Alvarez Bonilla, Enrique, 1848-1913, Compendio de historia patria: 2a. ed. Bogotá: Imp. de Vapor de Zalamea, 1893. 268 p.; 17 cm.

63. Isaza Gutiérrez, Emiliano, 1850-1930. El libro del niño ó texto de lectura para las escuelas París: Librería de Garnier Hermanos, 1895.: vi, 174 p.: il.  17 cm.

64. Cesar Conto y Emiliano Isaza,  Nuevo método para enseñar a leer. No aparecen ejemplares, pero consiguieron un derecho a editarlo en algún momento de los ochenta.

65 Serrano, Nepomucero, y Belisario Canal, Lectura elemental combinada con la escritura y el dibujo. 2a. ed: Bogotá: Imp. de M. Rivas, 1896.

66. Historia de Colombia para uso de las escuelas primarias, extractada de varios autores / [compilación] Belisario Palacios. 5a. ed.: Bogotá: M. Rivas, 1896. 72 p.; 18 cm. 67. Lleras, Lorenzo y Manuel Antonio Rueda, Citolegia científica, Imprenta Medardo Rivas, Bogotá, 1899 (BN y BLAA),.

68  Avella, M. Temístocles, 1841-  Citolegia   Bogotá: Ed. Roldán y Tamayo, 1897.  BN

69 Cabrera, Aurelio Martín, Cartilla de lectura y escritura combinadas: compuesta expresamente para las escuelas hispanoamericanas. Bogotá: Tip. Salesiana, 1897  BLAA

70. García Rico, Francisco. La lectura combinada con la escritura y el dibujo: texto para las escuelas primarias arreglado según los mejores métodos modernos Bogotá: Imp. de M. Rivas, 1898.

71 García Rico, Francisco, 1834- Guía para la enseñanza de la lectura combinada con la escritura y el dibujo, Bogotá: M. Rivas, 1898.: 31 p.; 20 cm.

72 Barona, Ramón. Lecciones de historia natural: arregladas para las escuelas elementales,; contiene un prólogo de Domingo Irurita y una introducción de Angel María Romero. 7a. ed. con modificaciones sustanciales.: Bogotá: Lib. Colombiana, [1900?]. xiii, 95 p.: il.; 16 cm.

73. Vergara y Velasco, Francisco Javier, 1860-1914, Tratado elemental de historia patria / arreglado por Francisco Javier Vergara y Velasc, Bogotá: Lib. Americana, 1905. viii, 168 p.; 19 cm.

74. Cubides, J. Gabriel, 1862- , Estudio elemental de historia patria, Bogotá: Imprenta de La Luz, 1906. 35 p.; 16 cm.

75. Vergara y Velasco, Francisco Javier, 1860-1914, Tratado de metodología y crítica histórica y elementos de cronología colombiana,  prólogo de Luis Trigueros,  Bogotá: Imp. Eléctrica, 1907. vii, 182 p.; 24 cm.

76. Astete, Gaspar, 1537-1601. Catecismo de la doctrina cristiana por Gaspar Astete; corregido y aumentado por el ilustrísimo señor arzobispo Manuel José Mosquera; nuevamente revisado y aprobado por los ilustrísimos señores Doctor Bernardo Herrera, Doctor J. Pardo Vergara, Editorial: París: A. & R. Roger & F. Chernoviz, 1907.: 69 p.: il.,  14 cm.

77. Restrepo Mejía, Martín, 1861-1940, Compendio de historia universal, en que prevalecen la sagrada, la eclesiástica y la de Colombia: 2a. ed. Bogotá : Imp. de La Luz, 1907.

Tres artículos del siglo XIX sobre enseñanza y uso de textos.

Guarín, Romualdo B. Modo de enseñar la jeografía y la historia,  En La Escuela Normal: Periódico oficial de Instrucción pública (Bogotá) . -- Tomo. 6 No. 226 (May.1, 1875). -- p. 139-140.

Lleras, Martín: De la historia y la cronología, La Escuela Normal: Periódico oficial de Instrucción pública (Bogotá) . -- Tomo. 4 No. 124 (May.17, 1873). -- p. 159-160.

“Curso de historia universal: arreglado para las escuelas de Cundinamarca”.El Maestro de Escuela: Revista Escolar Bisemanal (Bogotá) . -- V. 1 No. 1 y 2 (Ene.20, 1899). -- p. 60-62.

 


[1] El primer texto conocido de lectura, por lo que parece, es de 1839. De esos anos es también la Citolegia, de José Rafael Mosquera, de la que no parecen haber quedado ejemplares. El texto mas antiguos conservado parecen ser el de José María Triana, Lecciones de gramática castellana arregladas al método de enseñanza mutua, aprobadas por la Dirección General de instrucción Pública y mandada enseñar en las escuelas de la Nueva Granada. 2a. ed. Editorial: Bogotá: Tip. de Mariano Sánchez Caicedo, 1849

Triana publico también un Manual para los preceptores de enseñanza primaria, é instrucción moral i religiosa, Bogotá: Imprenta del Neo-Granadino, 1851. Descripción física: 247 p.: ls.; 21 cm. De los anos setenta se ha conservado la de Ramón Mercado Método típico de enseñanza primaria, Imprenta de C. Schünemann, Brema, 1873. La Biblioteca Nacional tiene un ejemplar del Primer libro de lectura arreglado,  por E. Hotschick y Martín Lleras, pero solo en su tercera edición, revisada, de 1890. No parece existir copia de la primera edición de la cartilla de Cesar Baquero de 1884,: la Biblioteca Nacional tiene copia del segundo curso:  Baquero, Cesar B.  Libro para enseñar a leer y a escribir, segundo curso.  Bogotá: Imp. Rivas, 1887. . 

[2] Dos ejemplos tempranos son los de José Benito Gaitán, El institutor; colección de textos escojidos para la enseñanza en los colejios i en las escuelas de los Estados Unidos de Colombia,  Bogotá: Imprenta de Gaitán, 1870 y .de José Joaquín Ortiz, Lecturas selectas en prosa y verso para los alumnos de las escuelas de Colombia, Bogotá, 1880

[3] El diario manuscrito de Tomás Cuenca, que se encuentra en la Biblioteca Luis Ángel Arango, describe una escuela hacia 1840.  Medardo Rivas narra en La escuela ayer su visita a una escuela pública de Bogota en 1869: se queja de que no haya pizarras pero ni siquiera se pregunta si hay textos. En Dimitas Arias, de Tomas Carrasquilla, el Tullido enseña a leer en el "Catón "y en el "libro de San Casiano", y a escribir en cajitas de arena que borra periódicamente el alumno preferido del maestro: “el monitor de la arena”.  De allí se avanza a la pizarra y de esta a la pluma.

 

 

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